lunes, 20 de abril de 2009

Va a morir

Va a morir.
Va a morir y no hay nada que hacer.
Va a morir, lenta, fría y dolorosamente.
Va a morir, bajo nuestra atenta mirada, como un niño siendo ejecutado en la silla eléctrica, después de una injusta sentencia.

Estamos ahí, observándola, algunos con un nudo en la garganta, otros ignorándola activamente, pensando en otra cosa para escapar del rotundo hecho.

Fuimos sus jueces y ahora somos sus verdugos. Explícitamente el cielo nos contó la verdad. Claramente el sol nos mostró los errores en nuestra sentencia, la mentira que estábamos dando por coartada a la humanidad, para encerrarla, juzgarla, condenarla y asesinarla.

La vemos morir todos los días. Aunque ella nos muestre su belleza, aún infinita.
Oímos sus desgarradores gritos. Aunque ella intenta que los pájaros no dejen de cantar por la mañana, que el verde creciente nos conmueva, que respiremos puramente.
Vomita putrefacta indiferencia. Pero siempre está ahí para que todo dolor pase, para que pueda darse la dulce armonía.
Llora desesperada, porque se detenga la matanza, pero mientras le acariciamos la cabeza como a un callejero perro desposeído, con la otra mano ejecutamos a quemarropa todo indicio de su expresión.

La tierra está muriendo. Vaya noticia. Ya lo sabemos. Pero es más importante nuestro trabajo, nuestro entorno inmediato, nuestra satisfacción inmediata, nuestra mentirosa paz.

Asesinamos aborígenes, deforestamos a pasos agigantados, contaminamos aguas, aire y arrancamos cualquier posibilidad de vida de la tierra.
Pero sigue siendo más importante todo aquello que nos diga la caja parlante, la maravillosa televisión.

Va a morir y no le veo más remedio.
Va a morir, bajo nuestra atenta mirada.
Todos nosotros, con una sonrisa cómplice le susurraremos un dulce adiós, como si hubiésemos conspirado para asesinarla, por "su propio bien" y nos compadeciéramos de ella por su partida.

Qué importante será nuestro trabajo, nuestro entretenimiento, nuestras pertenencias, cuando no haya aire que respirar, agua que beber y tierra donde plantar.

Pero claro, para eso falta mucho. Todavía no duele y uno no puede parar su vida por completo por esta minucia de la tierra muriendo. Suena lógico, ¿No?
A mí no.
Me gustaría tener el coraje para atravesar el vidrio y parar su ejecución. Pero soy mucho peor que eso.
La veo morir, nos veo a todos conspirando contra ella, silenciosamente, de forma traicionera y tanto no me animo a atravesar el vidrio, que estallo por dentro, quebrando en llantos tapados por el velo de los rasgos musculares de mi rostro, la retención de las lágrimas de mis ojos.
Soy peor que eso. Me dan miedo todos los que estamos del otro lado del vidrio, me da miedo su pensamiento, su dictamen.
Las preguntas me detienen millones de años luz antes de que pueda lanzarme.

¿Pareceré un loco si me lanzo a salvarla?
¿Tendré que oponerme a todos?
¿Podré cambiar algo o sólo moriré junto a ella?
¿Se verán muy mal mis actos, estaré tan equivocado?

...y tantas otras...

Entonces me paro. Me siento. Levanto la voz. Me inquieto. Grito. Me callo. Camino. Salgo y vuelvo a entrar. Ahí sigue ella. La ejecución es lenta... lentísima. Pero arrebatadamente rápida en comparación con nuestros actos por detenerla.

Va a morir. De eso estoy seguro.
Va a morir, no haremos nada por salvarla.
Va a morir, siendo lentamente atravesada por nuestras cuchillas, hasta desangrarse.
Mientras al oído le decimos: "No te enojes, pero... tengo que sobrevivir"

Es sólo un planeta. Nada más, no sé por qué me parece tan importante.

Finalmente, me animo a contarle a alguno de los que miramos del otro lado del vidrio mi inquietud. Casi ofendido me responde que nadie lo hace con malicia, no hay intención de nadie de destruirla, pero que... "Bueno, así son las cosas".
Me sentí peor, inclusive, que si no se lo hubiera dicho. Hubiese preferido no escuchar su opinión, luego apoyada por decenas de personas, representando la opinión promedio. Hubiese preferido seguir en la ilusión de que aunque sea a la mayoría le preocupada el asunto.

Entonces, resbalo por la pared… cayendo sentado con las piernas flexionadas, me tapo la cara con los brazos cruzados apoyados sobre mis rodillas, pero aún dejo un ojo entre ellos, observándola fijamente.
Ella mira al vacío, pues no nos juzga, no nos odia. Nació amándonos y morirá amándonos. Jamás le importó quién bebiera de su seno, mientras se alimentara y creciera. Seremos nosotros los que la rechazaremos, eligiendo su muerte.
Nuestro hubris nos hará pensar que podemos prescindir de ella.
Pero ya aprenderemos.

Sentada allí, cierra sus ojos, espera la dulce sentencia y estamos ahí nosotros.
Con nuestros actos, se nos permite votar, votar si vive o no vive. Si se baja o no se baja la palanca que dará la descarga final.

Por ahora el miedo me mantiene con las piernas flexionadas y la cabeza tapada tras mis brazos, con un nudo en la garganta y las lágrimas ardiendo por dentro.

Va a morir.
Va a morir... bajo nuestra atenta mirada.



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2 comentarios:

Víctor Ariel Pagano dijo...

Simplemente genial, mi amigo genial...

lizzieacuarium dijo...

De a poquito fui leyendo todo lo que escrbistes y no imaginas lo que senti, todo junto orgullo, melancolia
llore,es muy bello lo que escribis
me emociono,me gusta mucho y !!!te felicito!!!..LIZZIE